Mensaje: Retos de las mujeres en la actualidad

Por Sara Benítez

Cada 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Históricamente este día se ha dedicado a reivindicar los derechos y reclamos de las mujeres en diferentes contextos y coyunturas políticas y sociales. Hoy se cumplen 100 años de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Una mirada a nuestra historia, nos permite ver que sin el trabajo solidario y valiente de las generaciones anteriores de mujeres, nosotras no gozaríamos hoy de derechos que damos por sentado y que en realidad son de reciente reivindicación como lo son el derecho al voto, el derecho a coadministrar bienes del matrimonio, el derecho a buscar amparo de la justicia cuando somos agredidas por nuestra pareja, el derecho a trabajar y a recibir igual paga por igual trabajo… el derecho a no ser discriminadas por nuestro sexo y a recibir igual protección de las leyes.

El 8 de marzo no es una fecha para felicitaciones. Es una fecha para recordar y conmemorar las luchas, esfuerzos y la historia de nosotras las mujeres por mejorar y adelantar nuestros derechos en la sociedad. En nuestros días, cada 8 de marzo es un compromiso de mujeres y hombres en la búsqueda de una sociedad de paz y de más justicia en la que se defiendan los derechos de todas y todos.

Nuestras luchas han rendido fruto al reconocerse nuestros derechos como humanas. Sin embargo estos derechos son amenazados por la crisis económica y las medidas gubernamentales propuestas para enfrentar la crisis. Además, la crasa violación de la separación de Iglesia y Estado que garantiza nuestra Constitución, amenaza derechos que ya hemos conquistado y han sido ampliamente reconocidos en nuestro País.

Las mujeres representamos el 52% de la población general de Puerto Rico y sobre nosotras recae gran parte de las responsabilidades sociales de nuestro país, Casi 300,000 de nosotras somos jefas de familia. Cerca del 65% de las familias en PR QUE viven bajo el nivel de pobreza tienen a mujeres solas a cargo de las mismas. En el 2009, el 45% de las mujeres entre 15-50 años de edad vive bajo el nivel de pobreza. La tasa de participación de las mujeres en la fuerza laboral es del 35% y representamos el 45% del total de personas empleadas. La proporción de mujeres desempleadas va en aumento con un nivel de 12.6% para el 22009. El nivel educativo de las mujeres en el mercado de empleo es mayor que el de los hombres, sin embargo, la mediana de ingresos es menor. Como vemos, si bien hemos conquistado derechos, todavía queda un largo camino que andar para alcanzar la equidad de género.

Sabemos que la participación de las mujeres en las esferas decisionales de política pública y política social en el país es limitada. No sólo por el número bajo de mujeres que participan actualmente en esas esferas (sólo hay 5 mujeres alcaldesas y sólo el 27% de la Legislatura está compuesta por mujeres, 11 senadoras y 12 representantes), sino por la falta de sensibilidad y perspectiva de género que demuestran diariamente la mayor parte de esas mujeres. Es por esto que este Día Internacional de la Mujer marchamos por la justicia económica para la mujer y por una separación de Iglesia y Estado que garantice derechos y acceso igual para todas las personas.

Esta conmemoración del Día Internacional de la Mujer es particularmente significativa en Puerto Rico por la situación que vive el país debido al impacto de las políticas de reestructuración económica del gobierno de turno y el grave impacto que tienen sobre el Pueblo Trabajador, especialmente sobre las mujeres. Es un hecho reconocido que la fuerza laboral en el sector público está integrada mayoritariamente por mujeres y que miles de ellas han perdido sus empleos, aumentando así los niveles de pobreza entre quienes, al igual que en todo el mundo, son las más pobres. Además de la perdida de los trabajos y de protecciones que tenían antes en sus convenios colectivos, las mujeres enfrentan la disminución en servicios esenciales de los cuales son las principales solicitantes. Esta sociedad patriarcal propicia que las mujeres sigan siendo responsables de la mayor parte del trabajo de provisión de cuidados y doméstico. Esta forma desigual de compartir responsabilidades afecta negativamente sus oportunidades educativas y de empleo, y limita su implicación en la vida pública. Todavía en Puerto Rico tenemos el reto de superar el discrimen salarial que permite que las mujeres recibamos menos paga por trabajo igual o comparable, y que se nos haga más difícil acceder a puestos de mayor jerarquía, tanto en la empresa privada como en la pública. La violencia por género sigue siendo una constante que debemos combatir todos los días. Como si todo esto fuera poco, los derechos y espacios que hemos ganado a base de trabajo incansable en contra del sexismo, también están amenazados por las políticas gubernamentales y de la llamada “medicina amarga” que nos ha tocado a nosotras. Varias de estas decisiones están en violación de la disposición constitucional que establece un estado laico con la separación entre la Iglesia y el Estado. Sabemos que el gobierno actual ha promovido lo contrario y que ha acogido en las tres ramas de gobierno fundamentalismos religiosos para hacernos retroceder en lo que hemos alcanzado. Esto sólo alimenta el odio hacia las diferencias y provoca la intolerancia que nos aleja de la dirección hacia la que avanzan los países civilizados del mundo. Ejemplo de ello es el menosprecio contra la comunidad LGBT y la negativa a validar sus derechos humanos.

Así vemos que aún no hemos logrado la equidad. Seguimos siendo las más pobres, seguimos muriendo en incidentes de violencia doméstica, seguimos siendo las víctimas en casos de agresión sexual, nuestras niñas son discriminadas cuando buscan el amparo de hogares de crianza, las mujeres sin hogar y usuarias de sustancias controladas no encuentran servicios para ellas, las víctimas de violencia doméstica son revictimizadas por el sistema al imputarles responsabilidad por dicha violencia y se les amenaza con removerles los niños, las mujeres inmigrantes siguen viviendo su pobreza y su exclusión desde el silencio marginal de su estado migratorio.

Por otro lado, estamos viviendo la fragilidad en que ha quedado la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, casi desmantelada con los despidos de la Ley 7 y con el nombramiento para el puesto de una persona que ha puesto en vergüenza a quienes se supone representa y defiende, por su falta de conocimiento y de conciencia de género.

Las mujeres siguen siendo las grandes ausentes de nuestra vida de pueblo, las grandes ausentes a la hora de tomar decisiones que les afectan, las grandes ausentes a la hora de asignar recursos y presupuesto para atender sus necesidades, las grandes ausentes aún en los cuerpos y personas de las líderes y funcionarias que se supone que trabajen por nosotras.

Nuestras demandas, este Día Internacional de la Mujer, son cónsonas con las del Pueblo Trabajador. Las políticas económicas, la reforma gubernamental para reducir gastos que, por otro lado NO se limitan en contratos de asesoría y cabildeo; la legislación y programas de privilegio para las grandes empresas y patronal, mientras que los sectores medios y pobres caen en la parte de debajo de la rueda, el ataque a organizaciones de larga y fructífera trayectoria a favor de las libertades civiles y humanas, como el Colegio de Abogados, las políticas inmisericordes en perjuicio del ambiente y los recursos naturales, el enfoque destructivo en contra de las comunidades y sus procesos autogestionarios, son todos asuntos que nos conciernen a nosotras y que denunciamos. Por eso creemos y promovemos la militancia activa y el trabajo en redes con sectores aliados.

Ante el ataque de las políticas neoliberales de la actual administración, las mujeres, aún siendo las más afectadas, hemos salido a la calle a luchar por nuestros empleos, por nuestras comunidades, por nuestros derechos humanos. Por eso es que cada 8 de marzo las mujeres del mundo salimos a la calle a reivindicar nuestros derechos como mujeres. Reclamamos que el gobierno otorgue una atención prioritaria a abordar los desafíos enfrentados por las mujeres. No es suficiente adoptar leyes y políticas; tienen que ponerse en práctica de forma eficaz. Las medidas para ayudar a garantizar una implantación exitosa incluyen incorporar la perspectiva de género en nuestras escuelas, la formación desde una perspectiva de género y derechos humanos de todo el funcionariado público, el aumento de la concienciación de las mujeres de sus derechos legales, y humanos y la asignación de recursos adecuados. Exigimos presupuestos desarrollados con perspectiva de género y asistencia para el desarrollo y sostenibilidad económica de las mujeres, específicamente dedicados a la igualdad de género y la autonomía de las mujeres con el fin de garantizar desarrollo, paz, seguridad y derechos humanos. Sólo entonces podremos concluir la agenda que elaboramos hace 15 años en Beijing, de lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y responder con eficacia a la crisis que vivimos en Puerto Rico y en todos nuestros países.

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