A 100 años

Boletina Mujer SaludHable
Año IX, 18 de febrero, 2010
Boletín de:
Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe

Este año el movimiento internacional de mujeres conmemorará los cien años de la fecha más emblemática de todas sus luchas reivindicativas: el Día Internacional de la Mujer.

Fue en 1910, en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas realizado en Copenhague, Dinamarca, cuando la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, propuso la instauración de este histórico día. La propuesta surgió a partir del reconocimiento de la fuerza, coraje y tesón de las mujeres que, desde hace décadas, bregaban por el reconocimiento de sus derechos como trabajadoras y como ciudadanas, encontrando múltiples barreras en este caminar hacia el ejercicio de derechos.

Efectivamente, por esos años, obreras, empleadas y mujeres de diversos ámbitos y en distintos países, expresaban en las calles, en los sindicatos, en las fábricas, sus demandas urgentes de igualdad de trato, salario justo y buenas condiciones laborales, interpelando, además, a la sociedad en su conjunto para lograr una participación social y política igualitaria. Y lo hicieron incluso a costa de sus propias vidas, siendo a menudo reprimidas con violencia por patrones y fuerzas de seguridad. Hasta hoy quedan en la memoria colectiva las muertas por esta causa en Estados Unidos, en países de Europa, en América Latina.

En la década de los años 70 del siglo pasado, esta fecha trascendental fue también asumida por el movimiento feminista, lo que implicó incorporar al 8 de Marzo otros temas relacionados con el cuerpo de las mujeres, con su autonomía y libertad, con la maternidad voluntaria, con la libre opción sexual, con el derecho al aborto, todo ello inserto en el trascendental paradigma de los derechos sexuales y derechos reproductivos como derechos humanos.

Esta amplísima agenda de reivindicaciones de las mujeres buscó así abarcar todos aquellos tópicos que dicen relación con la condición de la mujer y su calidad de vida, condición que ha sufrido nuevas y graves violaciones a partir de la instauración de los modelos económicos neoliberales que en las últimas décadas han profundizado hasta límites indecibles la discriminación y exclusión de diversos colectivos, entre ellos, el de las mujeres.

Por lo tanto, en 2010, cuando culmina la primera década del Tercer Milenio, el centenario del Día nternacional de la Mujer debe ser conmemorado desde la perspectiva de los avances obtenidos, pero también de los múltiples desafíos que nos plantea el contexto actual. En este sentido, podemos afirmar que los cambios más significativos para las mujeres en las últimas décadas han sido el reconocimiento formal de derechos y algún grado de avance hacia su pleno ejercicio, por cierto más logrado en algunos países que otros. Y en el marco jurídico, la conquista de convenciones y tratados internacionales que se han transformado en ley para muchos países. Asimismo, las mujeres han irrumpido en el mercado laboral, en la educación y las ciencias, en la cultura, en la política, desvinculándose del ámbito doméstico donde fueron confinadas por siglos.

Esto ha sido consecuencia de la movilización de las mujeres organizadas que, a partir de sus luchas sociales y de su capacidad de incidencia en los espacios públicos, “han logrado un importante cambio en la percepción
simbólico cultural de las sociedades respecto del lugar de la mujer y de la construcción de su ciudadanía” (Millán, Cecilia. Derechos humanos, más humanos, 2000). Pero, como agrega esta autora, en general persiste el supuesto de la existencia de un ciudadano productivo asociado al paradigma masculino, en el cual el hombre es el principal proveedor de la familia y el detentor de los derechos sociales y económicos, lo que fundamenta muchas de las políticas sociales y económicas de nuestros países”, con el consiguiente estancamiento de las mujeres, constreñidas en una ciudadanía incompleta.

Incompleta porque el poder político, el poder social, el poder económico, el poder en las leyes, el poder en el ámbito de las relaciones sexo-afectivas, sigue otorgándosele al varón, lo que perpetúa la dualidad hombre-dominador y mujer-subordinada.

Esta hegemonía en el control del poder persiste porfiadamente porque la estructura patriarcal de nuestras sociedades permanece incólume. Entonces, a pesar de la existencia de tratados y convenciones de DDHH y del reconocimiento formal de derechos, la cotidianidad en la vida de millones de mujeres y niñas continúa atravesada por iniquidades tales como explotación sexual y laboral, violencia sexista en diversas expresiones, heterosexualidad obligada, maternidad impuesta, división sexual del trabajo no cuestionada y dobles y triples jornadas sobre las espaldas de las mujeres modelos sexistas que traspasan los sistemas educativos, los medios de comunicación de masa, el lenguaje cotidiano, entre otras.

El reto para el movimiento de mujeres, para el movimiento feminista, para las mujeres todas, sigue siendo perentorio: desafiar, a través de cambios culturales urgentes, la construcción social de los géneros que impera porfiadamente y determina la discriminación de las mujeres. Instaurar una justicia de género, como ha señalado Marcela Lagarde, debe ser la meta para hacer de nuestras sociedades un mundo más ético y digno de ser vivido.

La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe trabaja para aportar a esa construcción social más justa y más ética a través de la implementación de todos sus programas, articulando a una membresía diversa que refleja una diversidad de voces: mujeres jóvenes, indígenas, afrodescendientes, lesbianas, mayores, estudiantes y académicas, obreras y campesinas, mujeres de base y dirigentas.

Y en este año se une, además, al llamado a la acción para homenajear especialmente a las activistas haitianas muertas en el sismo reciente, quienes simbolizan todas las luchas y todas las acciones de las mujeres del mundo para la conquista de sus derechos. Por Miriam Merlet, por Magaly Marcelin, por Anne-Marie Coriolan, hagamos de este centenario del 8 de Marzo una nueva jornada de reivindicaciones de las mujeres todas.

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